BOREAL



Me cuenta la gentil y boreal aurora
haberla visto sola y muy entristecida,
en aquel bello oasis de mar y gaviotas
sollozando por una distante lejanía.

La boreal aurora a su cielo adornada
intentando despejarla de sus tormentas,
sin embargo, no había manera alguna
para que el dolor se escapara de su vida.

Ella le contaba lo duro de sus días
que su oasis era donde se refugiaba,
un bello lugar elegido por ella misma
para alejarse de lo que la agobiaba.

La aurora le respondió con dulzura
que sabía que nunca había estado sola,
y que a pesar de la amarga distancia
estaba aquel hombre que la amaba.

¡SUBE A MI ESPALDA! le dijo la gentil aurora
te llevaré a los brazos de quien amas,
a encontrarte con la vida que tanto deseas
junto al amor que mucho te adora.


Así la llevó más allá de las fronteras
dejando su oasis que siempre la arrullaba,
surcando el océano junto a la aurora
directo a donde el sol nunca se oculta.

En un viaje plácido sobre las espumas
sin tiempo ni horas que la martirizara,
solo sus tenues latidos ella escuchaba
como una tonada que la adormecía.

Un pensamiento de caricias y besos la mantenía
la aurora la cuidaba con mucha delicadeza,
y sabiendo ella que en momentos llegaría
cerró sus ojos pardos quedándose dormida.

La fe en su amado la cubría de esperanzas
el amor por él era todo lo que ella tenía,
y apenas abrió sus ojos brotaron las lagrimas
en los brazos de su amado se encontraba.

La alegría y la felicidad la embriagaban
no sabía definir todo aquello que ahí sentía,
se entregó entera a vivir tan excitada dicha
al lado del hombre al cual ella tanto quería.

Pasaron días, semanas, totalmente enamorada
no sabía más nada, solo estar y ser ella,
transcurrieron retozando en la luna día tras día
y en otras el gran cálido sol los mimaba.

De amor se arroparon con pasión y lujuria
se entregaron desnudos noches enteras,
un día ella, muy plácida, despertó esa mañana
en la paz de su oasis vio que se hallaba.

Se incorporó sobre las suaves y cálidas arenas
ahora la aurora adornaba su larga cabellera,
al momento no entendía la experiencia vivida
su cuerpo y su mente recordaban las huellas.

Hasta que comprendió tan claro como el agua
que la aurora era su amado que la visitaba...
y aún la aurora, cada noche y cada día,
la sigue visitando para adorarla.

Autor: Ramón Morales Márquez
Ilustración generada con ChatGPT

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