BOREAL

Me cuenta la gentil y boreal aurora
haberla visto sola y muy entristecida,
en aquel bello oasis de mar y gaviotas
sollozando por tanta distante lejanía,
la boreal aurora a su cielo adornada
intentando despejarla de sus tormentas,
sin embargo no había manera alguna
que el dolor en su alma desapareciera,
ella le contaba lo duro de su vida
que su oasis era donde se refugiaba,
un bello lugar elegido por ella misma
para alejarse de lo que la agobiaba,
la aurora le respondió con dulzura
que sabia que nunca había estado sola,
y que a pesar de la amarga distancia
está aquel hombre que la esperaba...
¡SUBE A MI LOMO!, le dijo la gentil aurora
te llevaré a los brazos de quien amas,
a encontrarte con la vida que tanto deseas
junto al hombre que mucho te adora...
así la llevó más allá de las fronteras
dejando su oasis que siempre la arrullaba,
surcando los mares junto a la aurora
directo a donde el sol nunca se oculta,
en un viaje plácido sobre las espumas
sin tiempo ni horas que la martirizara,
solo sus tenues latidos ella escuchaba
era una repetición que la adormecía,
un pensamiento de caricias y besos la mantenía
la aurora la cuidaba con mucha delicadeza,
y sabiendo ella que en momentos llegaría
cerró sus ojos pardos quedándose dormida,
la fe en su amado la cubría de esperanzas
el amor por él era todo lo que tenía...
apenas llegaron se dio cuenta donde estaba
eran los brazos de su amado que la abrigaba,
la alegría y la felicidad la embriagaban
no sabia definir todo lo que ahí sentía,
se entregó a vivir tan excitada dicha
al lado del hombre al cual ella quería,
pasaron días, semanas, totalmente enamorada
no sabía más nada, solo estar y ser ella...
y así transcurrieron retozando en la luna
en otras el gran cálido sol los iluminaba,
de amor se arroparon con pasión y lujuria
se entregaron desnudos noches enteras...
un día ella muy plácida despertó una mañana
en la paz de su oasis vio que se hallaba,
se incorporó sobre las suaves y cálidas arenas
la aurora ahora adornaba su larga cabellera,
al momento no entendía la experiencia vivida
su cuerpo y su mente recordaban las huellas,
hasta que comprendió tan claro como el agua
que la aurora era su amado que la visitaba...

Y aún la aurora, cada noche, cada día,
la sigue visitando para adorarla.


Autor: Ramón Morales - Derechos Reservados © - Caracas - Venezuela

0 comentarios:

Publicar un comentario